LA CLASE POLÍTICA, DEMAGOGIA POPULAR


Ya cuando somos infantes y vamos a clases de educación infantil, o incluso de primaria, nuestros maestros y maestras nos inculcan el valor de los oficios para construir un futuro propio que ayude a mejorar en la medida de lo posible nuestra sociedad.

 

Así adquirimos la importancia de los oficios relacionándolos con la actividad laboral que desempeñan con el famoso "¿Qué quieres ser de mayor?", y esto adquiere una destacada relevancia en el desarrollo personal de cada sujeto que pocas veces valoramos.

Es aquí cuando aprendemos, que el panadero o panadera hace pan, que el obrero u obrera construye casas, que el bombero o bombera apaga fuegos, y así un largo etcétera.

Pero, ¿Qué hace el político? El político no es un oficio con una clara función laboral determinada. El político en sí, ha de ser el representante del ciudadano, el que vele por sus derechos y los promueva, el que trabaje y se dedique a mejorar su ciudad, comunidad, provincia, país, entorno en definitiva. ¿Debemos entender que existe una clase política entonces? Yo pienso que es un rotundo NO. Los políticos no son una clase, me niego a verlo desde ese prisma, y el que lo crea será porque considera que deben de existir clases que separen privilegios y que mantengan el statu quo actual.

 

Esta afirmación de "la clase política" es una expresión que últimamente he oído mencionar en numerosas ocasiones a algún que otro dirigente del PP local de Alpuente, acusando al portavoz socialista de ensuciar la imagen de lo que ellos consideran "clase política" del pueblo, cuando ha denunciado la desidia que el gobierno local manifiesta.

Y yo me pregunto, ¿acaso estos dirigentes se consideran de otra clase diferente a la del resto del pueblo?

 

La palabra clase viene siempre ligada con la promoción o privación de una serie de privilegios, entonces llego a la conclusión que estos dirigentes se llaman a sí mismo clase porque los obtienen y quieren diferenciarse del resto de ciudadanos.

 

En cualquier caso, la utilización de este tipo de términos por parte de los populares de Alpuente, va en la línea de confundir al ciudadano, de intentar dejar claro que la situación es la que es, y que ellos están ahí porque pertenecen a una clase diferente a la del resto, y que eso no se puede cambiar. Por eso me opongo rotundamente, los ciudadanos somos todos, y entre todos arrimamos el hombro para que nuestro pueblo sea mejor, y si acaso los políticos ayudan o no, en la medida de sus capacidades, posibilidades y sobre todo ideas, algo de lo que el gobierno popular carece.

 

La demagogia es muy barata, muy fácil y muy dañina, se pueden perder años y años de avance en un pueblo por culpa de la confusión mediante la falta de veracidad, el ocultismo y las interpretaciones voceadas con la intención de sacar rendimiento político y publicitario.